miércoles, 26 de diciembre de 2012

La voz sin miedo


 Se levantó después de haber escuchado conversaciones mezcladas con sueños durante un  rato, salio de la habitación y se dirigió a aquel pasillo infinito,  escenario perfecto de las  almas molestas del invierno. Tres pasos, se dio cuenta que estaba descalza, como si las personas son mas vulnerables en ese estado, y entonces volvió a recordar las historias de la abuela, las historias de esos pisos, de la ficción que le  calcó ese rostro. Se encontró al frente de la añeja puerta de madera que escondía aquel secreto, juntó coraje y abrió esa caja. Encontró a la niña en el piso de la sala junto a la hoguera casi apagada por la noche, hablando con su niñez e inocencia, jugando con su muñeca de pelo de caballo. Se mezclo su espíritu entre calma y alivio. Ella estaba bien, y mejor que siempre.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

PROGRESO Y RETROCESO (Julio Cortázar)

Inventaron un cristal que dejaba pasar las moscas. La mosca venía, empujaba un poco con la cabeza y pop ya estaba del otro lado. Alegría enormísima de la mosca.
Todo lo arruinó un sabio húngaro al descubrir que la mosca podía entrar pero no salir, o viceversa, a causa de no se sabe qué macana en la flexibilidad de las fibras de este cristal que era muy fibroso. En seguida inventaron el cazamoscas con un terrón de azúcar adentro, y muchas moscas morían desesperadas. Así acabó toda posible confraternidad con estos animales dignos de mejor suerte.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Qué es volar? Joaquín



No me gusta la filosofía, ni las cosas que van por detrás de lo obvio. No sé, estudio números, y las cosas son así: si sumas algo con algo te da algo exacto, la verdad. Lo único verdadero son los números, lo único al margen de los discursos. No me gustan los discursos en general.  Es así para mí la vida. Si me haces esa pregunta te pido  que me  expliques con qué intención lo haces. ¿Necesitas que te conteste algo poético? Porque si bien lo mío son los números me defiendo con las palabras, no me molestaría inventarme una respuesta fantástica. Pero si tengo que contestar lo que a mí me parece, volar es  lo que nos pasa cuando estamos subidos a un avión yendo a un destino determinado.  

Qué es volar? Catalina


Que difícil pregunta. Para mi volar es encontrar algo con lo que pierdas noción del tiempo, en vez de alejar los pies del suelo alejar el suelo de los pies. No sé… mi profesora de pintura dice que para ser importante tengo que dejar algo bueno en el mundo, algo único creado por mí. Eso me cuesta, a menudo pienso mucho más en mí que en el resto del mundo, me gusta hacer cosas por mí y creo que es lo único que hago. Soy adicta a las pinturas de uñas y  le tengo fobia a despeinarme. Posesiva, celosa, narcisista. Nunca pensé en cambiar el mundo, pero agregaría mas volumen a mis senos. Para mi volar es pararme en un espejo con mis brochas y pinceles de cara. Tocarme el pelo y sentirlo blando. Amo el segundo en que logro alargarme las pestañas tres veces más de lo natural. Uno vuela de la forma en que es,  no es mediocridad, uno es feliz con su forma de ser feliz. 

Qué es Volar? Julio


Los días de invierno son pesados, uno le suma los abrigos a la carga de  las tristezas del alma. A veces se hace difícil caminar, y más cuando es domingo como aquel día. Me sentía muy vacio. No me sentía en el lugar equivocado pero no tenía lo que quería y no sabía lo que quería. ¿Que se busca cuando uno no sabe qué es lo que falta? ¿Qué se hace? Agarre de la heladera un pedazo de tarta vieja, estaba ahí hace tres días, la misma cantidad de días que no comía. No recuerdo la última vez que me bañe pero ese día lo hice con muchas ganas, me perfume y arme una pequeña valija con más discos que ropa. Los últimos meses no llame a mi novia, no pregunte pero supuse que estaba enojada, así que por las dudas no quise avisar. Me fui ese día  hasta el cruce de las rutas, hice tatetí y me tome la ruta al norte. Abrí las ventanillas, levante velocidad, escuchamos un disco de Jazz yo y mi soledad. Me fui a volar yo y mi soledad. 

Que es volar? Mariela



Me case con Eugenio porque  había prometido hacerme volar. Una es tonta a veces. Una cree en una fantasía física que te eleve por las nubes y una cree que el amor lo va a lograr.  Tengo una hija de pelo hecho de miel, un perro mimoso, un patio verde en donde me descalzo  y siento el viento. Ya no le temo a la lluvia  ni a la oscuridad, porque cuando me encuentro ahí adentro hay alguien sosteniendo mi mano. Ahora escucho mejor el sonido del agua y soy capaz de considerar cada instrumento de una canción. Soy capaz de reír por un recuerdo y de llorar por lo que vendrá. Él no solo me llevo a volar, me enseño qué es volar. 

sábado, 1 de septiembre de 2012

Al lado del mar IV



Los primeros días de Pedro y Alma fueron felices, ya estaban tan instalados en la casa que hasta se animaron a hacer una cena de presentación el jefe comunal del pueblo y señora, también trataron de invitar a Matilde pero después del martes no volvieron a verla, y nadie en el pueblo sabe dónde vive. Vistieron sus mejores trajes  y cocinaron cerdo al vino para recibir a sus invitados. Don Laureano y su esposa Teresa llegaron con puntualidad de pueblo, una hora y media más tarde. Fue una cena con diversión familiar, donde don Laureano solo hablo de su nieto Felipe desde que entro hasta que se fue. Hablo de sus dotes de actor, de lo atento que es como nieto, de las aceitunas en almíbar que prepara al iniciar cada mes, del último regalo que les hizo, y miles de talentos mas que se le adquiría al joven.<<Los nietos aparecen para devolverte las ganas de quedarte>>. Alma  fingía escucharlo con atención, configuraba sus gestos como si le importara lo que decía pero se dedico a recordar toda la noche lo mágica que le había parecido aquella mujer del bar y esperaba ansiosa que sea mañana para poder ir a la clase abierta de pintura.

Al lado del mar III



  Ya era casi la noche cuando terminaron el acondicionamiento, el apetito dolía y  Pedro le propone a su hija salir a comer a un pequeño bar al frente de la plaza donde, según Don Laureano, se come muy buena comida. Los dos se encontraban luego de un rato sentados en la mesa especial del bar “El ancla”, junto a ellos se hallaban un par de parejas comiendo amor con vino, una familia numerosa que se encargaba de romper el silencio tres cuadras a la redonda, y en el fondo del bar, cerca de una ventana abierta se encontraba una mujer rara con vestidos de artistas y rulos despelotados.
La mujer, Matilde, soltera y extraordinariamente alta. Había nacido en el pueblo hacia 56 años, hacia ya varias décadas volvió de París con un titulo de Bellas Artes. Matilde no tenía hijos, y era una mujer  imperturbable y creativa. <<No he tenido hijos por miedo a perder la paciencia y no poder  enseñar, que es para lo que he nacido>>. Entusiasta,mente joven y comprometida. Los niños la amaban y se divertían viendo sus atuendos alocados y su maquillaje al más fiel estilo circense.
 Matilde se encontraba en el bar tomando un whisky importado cuando se dio cuenta de que a pocos metros se encontraba Alma, fue un flechazo de seguridad: se trataba de su nueva aprendiz. Se acerco a la mesa y se presento, Alma y su padre quedaron mudos, era la persona más alta y resplandeciente que hayan visto, se presentaron y la invitaron a tomar asiento. Luego de  una larga charla de presentación se dirigió a Alma con mucho entusiasmo, la invito a participar de sus clases abiertas en la plaza los domingos. Matilde le aclaro que va mucha gente, y que solo se necesita llevar sus elementos necesarios para pintar. Alma, un poco tambaleante, lo tomo como una señal, sonrío y acepto ir a la primera clase el domingo. <<Yo agradezco a los jóvenes que van a la plaza los domingos, me ayudan a no tener miedo de morirme sin haber hecho algo importante>>. 

Al lado del mar II


 Alma había llegado al pueblo el martes anterior, su padre era el tan esperado nuevo medico del pueblo. Tenía 19 años, piel blanca y el pelo negro ébano. Ojos color miel y unas pestañas enormes y estilizadas como si en la pansa de su madre hubieran tenido ruleros. Alma amaba la música, aunque su género preferido variaba dependiendo su estado de ánimo. Adoraba la pintura y por ende la fotografía.  <<Quiero pintar papel  y quiero pintar con luz para que en el futuro no estén tan perdidos del pasado como nosotros>>. Le gustaban los viajes y las mudanzas, cosa a la que estaba muy acostumbrada desde pequeña. Alma era una idealista exagerada,  pasaba largas tardes soñando en el futuro y siempre se lo imaginaba distinto, pero en algo coincidía siempre: quería ser pintora y dedicarse a eso toda su vida. <<Si algún día  en mi vida de artista me faltara alimento, comeré alegría que es lo que me va a sobrar>>.  
Ni bien Alma y su padre llegaron al pueblo decidieron sin decirse nada que era el lugar donde pasarían el resto de sus vidas. Las calles perfectamente dibujadas con piedras, las flores en las veredas que vestían de colores el lugar, las casa sin rejas, y el aire más limpio del mundo,era un pueblo de arboles y cuentos. Don Laureano, el jefe comunal, los ubico en una casa un poco abandonada, con mucho polvo y recuerdos de los que la habitaron antes, detalles que ellos no tuvieron tiempo de notar. Era una casa grande con tres habitaciones, un comedor enorme y  una galería fresca donde los dos quedaron encantados mirando el mar durante dos horas. <<Debemos hacer cosas grandes para no ser tan pequeños>> decía Pedro con un tono paterno y reflexivo.  Era casi el mediodía cuando los dos decidieron reaccionar para acondicionar el hogar de sus vidas. Comenzaron por las habitaciones, tiraron las cosas que no les pertenecían, limpiaron hasta  dejar reluciente el último rincón, cada uno eligió una habitación donde colocaron su ropa y objetos personales.

Al lado del mar I


Las conquistas de amor son las mejores decía mi abuela, son legitimas y libres de  jaulas.
 Felipe tenía 20 años recién cumplidos cuando conoció a Alma aquel domingo apenado. La vio en la vereda del  frente a la suya, caminando a la misma dirección. Alma vestía un vestido azul, con puntillas blancas y unos zapatos lustrados de charol brillantes. Felipe se quedó atónito por un momento, observaba la imagen más pulcra que se le había cruzado por los ojos hasta ese momento,  la imagen seráfica y tierna de Alma, su pelo negro que bailaba con cadencia de vals, esa carterita misteriosa de cuero añejo que llevaba como si cargase un tesoro importante. <<Es imposible que en el pueblo haya un ángel, me hubiera llegado el chisme>>, pensó en estado de estupefacción. Él, quien estudiaba teatro en el centro cultural del pueblo hace ya diez años, no dudo mucho y se tiro al piso gritando de dolor fingiendo una pierna rota con una concentración que jamás había podido lograr, el momento fue tan intenso y compenetrarte que hubo hasta lagrimas que ilustraron la acción, sin embargo nunca supo si su llanto fue porque la escena teatral lo ameritaba o porque Alma siquiera  dio vuelta mirar.  Cuando Felipe decidió levantarse, dejando en el piso su dignidad y su buen juicio, Alma se alejaba ya cuatro cuadras de él. Decidió seguirla, rengueando  por si ella se dignaba a darse vuelta.  Después de dos cuadras de seguimiento Felipe se dio cuenta que  los dos se dirigían al mismo destino, a la clase de pintura abierta que daba la señora Matilde todos los domingos en la plaza. Alma llego y se sentó de la forma más exquisita que nadie se haya sentado nunca en un tronco de un árbol caído. Él se sentó atrás de ella, para poder observarla y oler el perfume de su pelo tranquilo, sin miedo a que lo descubran.


sábado, 11 de agosto de 2012

Dos y un té


Tomaban el té en el juego de porcelana que los acompaño los 51 años de casados, aquel regalo de una tía quien también fue en sus vidas la persona más gorda que conocieron.
La recordaban cada tarde de modo inconsciente o no, algunas veces olvidaban de dónde venia ese conjunto de recipientes finos y lujosos que tantas tardes funciono de alianza. “Los objetos verdaderamente  importantes son los que ayudan a valorar las verdaderas cosas importantes”, decía ella con seguridad de sabia. Recordaban a la tia, entre otras muchas cosas, como si la vejez fuese ese momento hecho para repasar el libro propio, la obra propia de cada alma. Todas las tardes  con una filosofía feliz; al verlos pareciera que se hallaban en esas sillas blancas totalmente resignados a que su cupo de anécdotas permitidas por persona se hubieran  vacado hace ya incontables años, como si las páginas escritas de sus vidas debieran ser conmemoradas y repasadas, en eso debía ocuparse el tiempo. De qué sirven las historias cuando ya sucedieron...cuando ya no hay más nada alrededor, la dulce expectativa hacia lo desconocido. Seres paradójicos como todos, deseaban  la muerte y amaban la vida. Se sentaban siempre enfrentados, a las 17:30pm exactamente,  pasaban todo el día tratando de que se les viniera  a la memoria el mejor de todos los cuentos vividos para poder exponerlos en ese pasaje  de emociones ante un jurado de risas y nostalgias. Los últimos 2 años él se dirigía a la galería casi como podía, y ella podía porque él podía.
  Se encontraban en el lugar que deseaban estar, en el que construía  y adornaban  todavía hoy, felices y con sensación de plenitud total. “La vejez te lleva un poco antes de saber cómo vivir y un rato antes de hacer de la casa lo que uno siempre quiso.” decía él. Una vida armando una morada  perfecta, que después de tantos años una mañana cualquiera de junio, agobiados por el cansancio, se dieron cuenta que lo que una pareja arma, a través de eso llamado tiempo, es el lugar perfecto donde esperar la muerte, recibiendo vida y creyendo en ella, donde se debe colocar todo lo que uno quiere llevarse en los recuerdos y en el espíritu.  Es por esto que, no solo porque negaban obstinadamente la falta de memoria ante sus hijos los afligía tanto no saber de dónde venían algunas cosas que se hallaban en su casa, los angustiaba intensamente perder recuerdos. Solución cómica y hasta provisoria  la de inventarse historias ilusorias que justificaban objetos y fotografías, se ponían de acuerdo, las contaban y luego las olvidaban nuevamente. Dos personas de cabellos totalmente blancos, como salidos de una comedia que en vez de gracia endosaban ternura protagonistas de un círculo de perfecta armonía y complicidad, que solo se logra con los años...
Aprendieron juntos a medir el tiempo. Los años hace mucho dejaron de ser  días organizados en meses, digno del título teoría de sabios, los dos estaban convencidos que el tiempo es la ruta que viajaron, los libros que escribieron, los cuentos que contaron. Tiempo es eso que pasa hasta llegar al momento  en que dos viejos pueden pasar días, meses y hasta años casi sin dirigirse la palabra, cuando el aura de uno busca al del otro en un terreno sobrenatural, por encima de la razón, morada donde se comunican y hasta hacen el amor.
Ahí estuvieron cada tarde de sus últimos años, repasando y riendo mientras  la vida los consumía dolorosamente. Deseaban que el momento no llegue con sufrimiento, que una tarde después de su té, los dos se dirijan  a la cama añeja, escenario de amor y de lealtad, y se duerman infinitamente pensando en lo que en vida dejaron y que están teniendo el fin que desearon desde el primer beso de amor. 

lunes, 25 de junio de 2012

Vivirte

Moverte de acá al otro lado, moverte al otro lado de la pared, de éste lado de la medianera, mover las nalgas y los senos, de expresión a impresión. Girar, girar al costado, arriba, girar de rojo a amarillo, de sepia a verde, seguridad a inseguridad. Cortarte el pelo, las uñas, cortarte la remera, cortarte la rutina, la tristeza, el fastidio. Salir, salir de adentro a afuera, de afuera a adentro salir, salir a bailar, salir a tocar, salir de la ciudad, salir al campo, liberarse, de prisión a presión. Quitarse el corsé, el corpiño, quitarse las medias, quitarse de encima a él, a ella, a todos. Cambiar. Cambiar de aire, de temperatura, cambiar de a poco, rapido y lento. Evolucionar, evolucionar vos, tu cara, evolucionar tu peso, tu forma, cambiar de nuevo, cambiar de sombrero, de numero, de nariz, cambiar de ojos. Quitarse una mirada de encima, quitar tu mirada de encima, soltar la mochila de piedras. Cambiar de escenanario, de escena, de piso. Moverte, girarte, cortarte, salirte, quitarte, evolucionarte, cambiarte, vivirte.