martes, 26 de junio de 2012
lunes, 25 de junio de 2012
Vivirte
Moverte de acá al otro lado, moverte al otro lado de la pared, de éste lado de la medianera, mover las nalgas y los senos, de expresión a impresión. Girar, girar al costado, arriba, girar de rojo a amarillo, de sepia a verde, seguridad a inseguridad. Cortarte el pelo, las uñas, cortarte la remera, cortarte la rutina, la tristeza, el fastidio. Salir, salir de adentro a afuera, de afuera a adentro salir, salir a bailar, salir a tocar, salir de la ciudad, salir al campo, liberarse, de prisión a presión. Quitarse el corsé, el corpiño, quitarse las medias, quitarse de encima a él, a ella, a todos. Cambiar. Cambiar de aire, de temperatura, cambiar de a poco, rapido y lento. Evolucionar, evolucionar vos, tu cara, evolucionar tu peso, tu forma, cambiar de nuevo, cambiar de sombrero, de numero, de nariz, cambiar de ojos. Quitarse una mirada de encima, quitar tu mirada de encima, soltar la mochila de piedras. Cambiar de escenanario, de escena, de piso. Moverte, girarte, cortarte, salirte, quitarte, evolucionarte, cambiarte, vivirte.
jueves, 21 de junio de 2012
Él no manchaba las hojas
Un pasado con pinceladas gestálticas, un presente que parece ahora. Ahora derrumbada está esa hoja, espera una pisada, un brochazo, espera escucharse crujir, espera ser sacudida por un espasmo subjetivo, por un algo; espera la nada y espera el todo. A una presa devorada no la miran los caníbales, como Leonardo no miro a Jesús. Él si te entendía, el te manchaba al revés; secretos de artista quizás, o explicaciones de ingenio. Condenada a ser cruz de alguna obra, de algún autor, quimera de otro, solo ahí los mortales somos vos.Portadora solitaria de la condena de un futuro admirado y delicioso, tuyo siempre.
domingo, 17 de junio de 2012
Mi fiel enemigo
El deseo me trae la ansiedad, y eso me sangra. Invente algo y lo fije en el tiempo, decreto desde acá que la vida no es lo que hay entre medio del ahora y de lo que quiero, mi vida hoy es eso que proyecte complementado con el deseo que se consuma el tiempo que me separa. Una lógica sin razón, mi retrato íntimo y el tuyo, quién me da batalla, quién me discute que alguien en el mundo vive despejado sabiendo que viene algo superior. Mi espera es alucinada, egocéntrica y demasiada intolerante. Me siento una niña en una noche de un 5 de enero cualquiera, un creyente de cualquier religión que aguarda un regreso, Platón sentado en una silla esperando su ciclismo del tiempo, el futuro en la puerta de un hospital. El tiempo es mi enemigo, se estimula cuando lo necesito y camina lento con un cuchillo raspando mi piel cuando lo quiero muerto.
viernes, 15 de junio de 2012
Peaton
| En quién pensas cuando caminas? |
| El desprecio de la mirada de atras,me hace quererlo mas. |
| Loco yo. |
| Un poco me disfrazo, un poco soy. |
| Espera feliz. |
| Vicio. |
| Hay rostros tristes. |
| Y conversaciones locas. |
| Qué guerra te habrá dejado tanta tristeza? |
| Una sonrrisa forzada hace que un traje sea hasta humillante. |
jueves, 14 de junio de 2012
miércoles, 13 de junio de 2012
La cuna violeta
Catalina hamacaba a la pequeña niña en su cuna violeta. Trataba
de explicarse quién había dejado la cuna que perteneció a su madre hace cinco días
en la puerta de su casa. Ella no sabía quién se lo mando ya que la ultima que
sabia el paradero de esa cuna era su abuela, quien falleció hace dos meses
atras y quién fue en su vida no solo la que le preparaba
los pasteles más ricos del mundo, si no que fue la primera persona que la
inculco en el mundo de arte y a la que le debe su condición de música.
La abuela siempre le decía que podía perder todo menos el
estilo. El estilo no era para la abuela algo estético solamente, por supuesto.
Ella hablaba de estilo como si se estuviese refiriendo al distintivo único de
cada ser. Odiaba la palabra personalidad: “La personalidad es algo muy ego
centrista, nacida así y por ende no se somete a quienes no la aceptaban”, era
un círculo maligno para ella. A ella le gustaban los cambios, una vez por mes
se animaba sola desde hace 57 años a pintar su casa de un color distinto. Un
mes le gustaban las flores y otro mes los decorados de madera muerta. Catalina recuerda
aún cuando murió su abuelo: la abuela había pintado la casa de color negro y lo
mantuvo así durante un mes, al mes siguiente lo pinto de blanco y colgó cuadros
de sus cuatros nietos. Ella manifestaba con los cambios su estado de ánimo, y
decía que las personas que se atreven a cambiar son las que no les temen a la
muerte y por eso, decía, viven la vida con menos miedos de hacer mal las cosas.
Ella tenía una obsesión con su forma de verse. Decía siempre
que cuando una persona se viste con el mismo estilo con el que vive ayuda indiscutiblemente
a decorar el mundo en que vivimos, y el
mundo decorado sabe mucho mejor. Era una mujer menuda, de ojos azules, nieta de
alemanes y pelo que se le había ido del dorado al plateado a lo largo de sus 86
años. Le gustaban las antigüedades, la hipnotizaba tocar un objeto e imaginarse
quién lo hubiera tocado, en qué vida y por qué.
La vieja tenía muchas cosas pendientes en la vida. Desde sus
16 años, cuando vivía con sus padres en aquel pueblo de calles de tierra
perdido en la nada, tenía ya la voluntad de comenzar guitarra, pero el único
profesor que enseñaba en ese punto del mundo era el maestro de música de la
escuela pública a la que ella asistía, y eso era un entorpecimiento en sus
ganas de musicalizar su propia vida, no
creía que existía una persona menos dotada
de la vocación docente en el mundo que aquel hombre de bigote dibujado y
pantalones cortos. Se resigno por un
momento de sus ganas, y cuando se mudaron con sus padres a la capital ese deseo
ya estaba hundido y aplastado por otros deseos. Con el tiempo logro hacer
realidad muchas de las cosas que quiso desde pequeña. Ella tomo clases de
piano, capacitaciones para catar tés, ajedrez, corte y confección, reparado de
relojes cucús, albañilería experimental entre muchas cosas más, dedico su vida
a dotarse de conocimientos más que importantes para ella.
Era un ser maravilloso y creativo, al verla reír
expulsaba como polen las ganas de tomar el té y dar paso a charlas
guionadas por duendes del campo con olor a experiencia misteriosa.
Su sensibilidad y personalidad pasaba por lo visual
indiscutiblemente, siempre compartía con sus nietos aquel episodio de niña,
cuando no aguanto la tentación de ponerle un moño a una estatua de Cristo que
se encontraba en la parroquia del barrio donde asistía con su familia casi
todos los domingos; la estatua era blanca hueso y ella consideraba que su
palidez no tenía nada de especial y atractivo: le faltaba realce, así que se
tomo el atrevimiento. El cura se indigno de tal forma, que pasaron tres meses
hasta que pudieron reaparecer en la Iglesia, él decía que fue un acto del
demonio colocarle un moño de color colorado y de seda brillante en la cabeza
del hombre desnudo con genitales surrealistas y desproporcionados.
Cuando Lucia cumplió los 20 años Doña Aurelia, su madre, le
hizo el pastel más grande que pudo y con una cantidad de colores que solo las
mujeres de campo de esa época conocían de dónde obtenerlos. Aurelia explicó, mientras
llevaba ese titánico pastel a la mesa familiar, que era especial porque era el
último pastel que sentía que le correspondía hacerle; no dijo nada más, pero fue
suficiente, Lucia ya estaba en edad de buscar candidato para darles nietos y
así garantizarle una vejez en armonía a sus padres. Ella acato las pretensiones
de los padres y un año después, una semana antes de su cumpleaños número 21, se
caso con Reinaldo, un hombre morrocho y fuerte, curtido por el trabajo duro que
ejecutaba. Reinaldo era un buen hombre e increíblemente bello físicamente, ojos
verdes y su piel oscura; pero Lucia
creía, y con razón, que su más grande defecto era la mezcla de tener un
cuerpo tan bello y un estilo tan ausente, pero ella tomo como un desafío descubrirle
uno, no improvisado si no correspondido. Reinaldo siempre aceptaba lo que
veía tal y como era, y nunca se cuestionaba por qué algo se veía de tal forma y
ni hablar de sumar ideas para que el mundo se viera mejor. Lucia fue durante toda su vida la maestra en
ese arte para Reinaldo, quien poseía como virtud más destacable, su capacidad de
escuchar y dejarse cultivar. El amor que sentía por ella era infinitamente
monumental y todo lo que ella decía tenía
más peso que cualquiera de sus cinco mensajes divinos que Dios le mando y que
guardaba en una caja de madera en el cuarto de arte de Lucia.
Fueron creciendo juntos, como Lucia siempre decía, eran
niños de mente aun cuando se casaron. Compraron su casa en el campo, a una hora
de la capital, no era una casa cómoda para nada ya que a Reinaldo le quedaba más que lejos para ir a
trabajar todas las mañanas, pero ella le había advertido que si sus vidas
unidas en matrimonio no iban a transcurrir en el campo de nada valdría esa
unión. La casa era incomoda, pero no solo por la distancia a la fabrica, si no porque
solo tenía dos habitaciones; pero Lucia quedo encantada, se enamoro
perdidamente de esa galería desde el primer momento, cuando la vio inmediatamente
se le vino un mar de imágenes: miles de cosas colgadas en el techo, miles de texturas diferentes, danzando al
ritmo del viento, y se imagino por primera vez
a sus hijos jugando en el pasto dulce y blando que rodeaba la pequeña
casa. Su primer acto como nueva
habitante de ese mansión de en sueños
fue amontonar las cosas de hogar común en la habitación más grande de la
casa, la otra habitación estaba vacía, y ella pensaba que bañaba de vaciedad toda la casa y también el
mundo, pero ya tenía un plan: lleno de libros el cuarto, muchos de los cuales
nunca leyó y muchos otros eran solo cajas pintadas que actuaban y asumían el
papel de libros. Con el tiempo fue
convirtiéndose en su espacio donde germinaba su más profunda sensibilidad
visual, evolucionaba el lugar y evolucionaba ella. La casa no bastaba para todo
lo que Lucia sacaba de no sé dónde, y aunque la casa crecía a un ritmo
aceptable, no era suficiente. Todos los veranos debía regalar sus obras de
pintura al oleo por falta de espacio, pero ella lo sentía como un aporte a la
estética de la vida; las regalaba al
hogar de ansíanos, a la escuela de costureras, a sus padres, a la plaza, a
cualquier lugar donde le pudieran dar el uso que ella consideraba digno:
observarlos y admirarlos.
Pasaron 2 años desde la mudanza a la casa pequeña, Lucia
comenzó a sentir las primeras señales de que su deseo mas intimo pasó ser carne
que se hacía sentir. Reinaldo llego a la tarde casi noche de la fábrica,
encontró a Lucia en la hamaca de la galería fresca usando la pantalla de paja
que él le había tramado para que se espantara a los mosquitos que visitaban la
casa los días de calor. Lucia, que tenía
preparado y ensayado un sketch teatral para contar la noticia, no se aguanto
las ganas y le dio la noticia de forma alborotada y sin compasión: esperaban un
hijo.
La ansiedad los carcomió esa noche, los dos desaseaban dar a
luz de inmediato. No pudieron concebir un minuto de sueño, repasaron su vida de
amor y hablaron de la vida que ahora venia. Al día siguiente Reinaldo se sintió
libre por decidir no ir a trabajar y dedicar el día entero a fabricar aquel
cesto que se encargaría de guardar a su más
preciado tesoro que pronto vendría a sus vidas, no se
dio cuenta por la excitación y la ansiedad de que era domingo y que de todos
modos no debía ir a la fabrica.
Reinaldo tomo su te con galletas con una expresión en el
rostro que se correspondía con un hombre que sabía lo que debía hacer, termino rápido el trámite de la alimentación y
se dirigió al patio de alfombras verdes con su hacha filosa. Se paro al frente
del árbol que había sembrado hace dos años atrás cuando se mudaron a la casa,
lo observo como contemplando, lo sorprendió lo mucho que había crecido en solo
dos años. Era un árbol tan grande, alto y gordo como lo era violeta. Reinaldo
tardo horas en cortar la madera en grueso, cuando sintió que ya era suficiente le pidió perdón llorando al árbol por
los dolores ocasionados y se dirigió a la galería con su gran materia prima de
color violeta. Allí estaba Lucia quien lo miraba como sintiéndose satisfecha
por el trabajo que había hecho durante el tiempo que vivieron juntos, ella sintió
que por fin Reinaldo se había inspirado a crear algo maravilloso, y así era,
porque esa cuna sería la más hermosa que nadie nunca pudiese imaginar. Reinaldo cortaba y clavaba danzando, como si supiese
de memoria los pasos de construcción y como si hubiese hecho 500 cunas antes de
esa. La cuna quedó terminada antes de que el sol se durmiera en lo profundo, era
un cesto violeta fuerte, con olor a campo y libertad. Tenía la precisión de una
obra de ingeniería, la cuna se hamacaba de una forma tan armónica que a los dos
le pareció perfecta para guardar su fortuna.
Así fue la historia de la cuna violeta, la cuna que uso
Lucia con sus 3 hijos varones y con su pequeña hija mujer, y que hoy Catalina usa con su beba de dos
semanas. A Catalina le cuesta explicarse cómo podría haber llegado esa cuna a
tocar el timbre, pero se convence con
una ecuación propia de un escritor de realismo mágico: si la cuna era de madera
violeta y lograba poner en paz a cualquier ser que se acostara en ella, cualquier explicación
alocada de cómo llego ahí podría ser tomada en serio.
Pilar Arzamendia
Pilar Arzamendia
lunes, 11 de junio de 2012
Un punto
Siempre me han interesados los puntos, casi más que las
historias. Los puntos de la historia donde se encuentra el eslabón primero de
las cosas mágicas y aberrantes de la vida. En qué punto en la historia las
miradas han comenzado a decir tanto.
No solo las miradas, pensar en el punto me hace reflexionar
sobre el tiempo y sobre lo que somos: no llegamos a un punto en el
universo. En qué punto de la historia
nos creímos dueños de él y de nosotros. En qué puntos de la historia que viene nos daremos cuenta de
qué puntos y en dónde.
Y en qué punto de
mi historia, comencé a creer que estaba en el mundo para marcar un punto, en qué punto del futuro lo lograre.
domingo, 10 de junio de 2012
Hamaca de disfrute y olvido
Bernarda nunca se hubiera imaginado que lo que
siempre había criticado y nunca había entendido, era para ella, no menos que una posibilidad de realización inmediata.
Acción tardía por la falta de dinero instantáneo, pero con un sentimiento de
necesidad creciente de hacerse ese dibujo en el cuerpo que tanto le representa
el amor que tuvo con él.
Hacía tres meses atrás tampoco hubiera imaginado,
al igual que hacerse el dibujo, encontrarse necesitándolo de tal forma bestial.
Hoy no pudo siquiera terminar la pagina 118 de un libro de 500 páginas de amor mágico,
se dio cuenta que estaba inmersa en un mar de desolación y amargura. Logro por
fin escuchar el sonido de su corazón que se hacía trizas inconscientemente. Ese
sonido estaba oculto, porque ella estaba
cegada por creer que porque su relación fue tan especial, especial seria su
duelo. No fue un proceso fácil darse cuenta de que las promesas que Edmundo le
hizo hasta hace nueve semanas atrás eran solo improvisaciones del momento, sin
sustento del destino y sin pensar en la seguridad que a ella le daría. Él le había
prometido nunca faltarle, cualquiera sea el estado de contacto y relación que tuvieran,
después de tres meses separados ella se sintió sin él por primera vez echándose
la culpa de su ingenuidad por un momento. Se sintió quitándose un pañuelo de
los ojos, puesto tensamente y oculto por la magia que caracterizo ese nudo de
complicidad y aceptación del destino. Hoy , verdaderamente consiente como pocas
veces en su vida, su estado de ánimo es un océano oscuro sin esa luz, ella misma se había ocultado ese dolor hasta hoy, hasta hoy mantuvo
el dolor aplastado por el encantamiento de esa relación y de ese ser que para ella era, y aun es, su
ser de luz. Sintió como escapar de una
prensa a la que veía como creía que era
su duelo, especial y necesaria, su duelo era una prensa.
Bernarda no espera nada de nadie desde que era
chica, no creo que porque alguien le hubiese fallado, más bien por el miedo
prematuro de sufrimiento. Se considero desde el día que cumplió 10 años una
persona vidente y ella misma siempre confiaba en sus predicciones y por más que
no le acertara, ella sola de nuevo se las arreglaba para caer parada y sana.
Siempre fue consciente de muchas cosas que quizás
es lo que la distinguía del montón, y el terror
a caer en la mediocridad se mezclaba con su temor de estancarse en la
mediocridad. Portadora de una cantidad de miedos jamás imaginada por nadie,
pero de todas esas cosas a las que les temía, su mayor tortura seria el miedo a
perder la capacidad de diferenciar los colores del gris.
Victima del vértigo que le implicaba estar en
ese lugar en el que ella misma se colocaba. Visualmente no se me ocurre mejor
forma de explicarlo, ella vivía caminando en una soga, tratando de mantener el
equilibrio siempre, con terror a caer a cualquiera de los dos lados y con un
objetivo en frente al que nunca vio porque
la soga llega al horizonte y sigue. Esa soga la atormentaba tanto o más como
los costados, la atormentaba no saber a qué caminaba y de dónde salía esa pasión
hecha capricho por encontrar lo que se hallaba del otro lado. Ella misma era
ella y era su mejor amiga, y las dos sabían que en el otro extremo de la soga había
algo, pero jamás pudo imaginárselo, razón
suficiente para vivir esa caminata como “mientras
tanto” eterno, tortuoso e inseguro.
Dueña
de dos universos, ella soñaba una vida que no conocía y odiaba la que conocía,
porque siempre decía parecerle gris oscuro por demasía, y consideraba que era
lo que ella tanto temía: una vida mediocre sin colores. Pocas veces coincidía lo que hacía con lo que
pensaba pero cuando esto pasaba, era como una catarata horizontal de pasión dañina,
incontrolable y desmedida.
Esta vida de
desencuentros, entre ella y su alrededor, fue calmado un poco por Edmundo, su
ser de luz. De repente había aparecido
alguien en su vida que la entendía, naturalizaba y la aceptaba. Fue una relación
más que nada hecha dura por la imaginación más que el contacto carnal
propiamente dicho. Los dos tenían más pulida la capacidad de inventar un mundo
donde hacían el amor más que a la capacidad de hacerlo realidad. Eran caminos con
diferentes destinos, y ellos lo sabían desde el primer día, desde la primer
mirada, desde el primer beso. Entender esto a mí se me hace difícil, pero es lo
que hacía que esa relación fuera tan especial.
Ella siempre
trataba de analizar, como era su costumbre, todo lo que le pasaba pero no pudo
con Edmundo. “Una pieza de baile por una pareja hay que ensayarla mucho para lograr
sincronismo”, esa era la analogía del amor que le habían contado, pero por primera
vez, ella se sintió en el extremo de la soga. Inexplicable, los dos bailaban
juntos, sincronizados, como si se hubiesen conocido de toda la vida. Pero ese
baile era casual y lo sabían, había un acuerdo implícito cada vez que hacían el
amor, disfrute y olvido.
Edmundo fue su
ser de luz por una razón concreta, la hizo sentir amada, cuidada y acompañada. Faltaban
15 día para la primavera, y hacia 1 mes que se encontraban en la hamaca de un
patio verde y fresco, sin más relación sexual que la que emitían los ojos cómplices
de conocer esas ganas mutuas, Él le dijo “te amo” y ella lo amo profundamente desde ese instante. En el mismo momento se
encontraron en el mundo dos cataratas desenfrenadas, horizontales, enfrentadas
que chocaron mutuamente. La única comunicación fue carnal durante una hora, los
cuerpos en desnudos se llevaban muy bien y se humedecieron en la misma sensación
de saciedad. Los orgásmicos gritos
callados, la adrenalina que le implicaba el lugar donde los había agarrado esa necesidad
de hacer, las palabras que no se escucharon pero se dijeron, una hora donde
Bernarda se olvido del todo lo que la atormentaba. Había encontrado paz al lado
del cuerpo caliente que la poseía, Edmundo le regalaba inconscientemente el
momento de más tranquilidad y placer interior de toda su vida. Por primera vez,
ella estaba donde quería, desnuda de alma y cuerpo, regalándole la magia que ella siempre guardo como su tesoro intimo, lo compartió
y él lo agarro. Sus miedos cambiaron a lo largo de esa hora, ya no temía
lo que imaginaba, temía a lo que iba a pasar: el desencuentro de los caminos
pactado desde el primer minuto.
Fue el momento mas excitante en la vida de Bernarda, se sintió plena, habían dado apertura a una relación bañada en magia y de puro entendimiento, que carecia totalmente de códigos dramáticos. Esa mezcla de lo se habían entregado mutuamente, en ese escenario perfecto que era la mesa fría en el patio verde, y el pacto de separación se volvió con el tiempo una tortura. Ella sabía que Él era especial, y sabía también que conocerlo fue un atentado contra su propia integridad, ya que estaba segura de que jamás encontraría a alguien igual en el mundo.
Este miedo se hacía sentir a medida que pasaban los días y los meses, y hubiera sido falta de voluntad de Edmundo no darse cuenta de que estaba ahí. Él, que tenía un trato puramente paternal con ella, la calmaba cada vez que lo sentía necesario con promesas llenas de encanto, que para ella era la música más bella.
Bernarda, recordó todo esto, y recordó lo especial que fue y que es esa luz en su vida, no puede enojarse ni sentir rencor porque el amor que ella siente es más grande que cualquier planeta, que cualquier situación, que cualquier persona y que cualquier dolor. Ella ahora le teme a olvidarse de él, quiere ese dibujo del que habrían hablado un invierno entre las frazadas y del que nunca más se olvidaría, quiere pintarlo en su cuerpo hasta el resto de su vida y quiere explicárselo a su futuro marido e hijos. Antes de comenzar la pagina 119 de su libro de amor, se siente consiente y en tierra, se seca la lagrima, sangro por el recuerdo todo lo que fue y todo lo que es, y encontró un poco de alivio que quizás le dure solo hasta mañana, pero ese es otro cuento.
Fue el momento mas excitante en la vida de Bernarda, se sintió plena, habían dado apertura a una relación bañada en magia y de puro entendimiento, que carecia totalmente de códigos dramáticos. Esa mezcla de lo se habían entregado mutuamente, en ese escenario perfecto que era la mesa fría en el patio verde, y el pacto de separación se volvió con el tiempo una tortura. Ella sabía que Él era especial, y sabía también que conocerlo fue un atentado contra su propia integridad, ya que estaba segura de que jamás encontraría a alguien igual en el mundo.
Este miedo se hacía sentir a medida que pasaban los días y los meses, y hubiera sido falta de voluntad de Edmundo no darse cuenta de que estaba ahí. Él, que tenía un trato puramente paternal con ella, la calmaba cada vez que lo sentía necesario con promesas llenas de encanto, que para ella era la música más bella.
Bernarda, recordó todo esto, y recordó lo especial que fue y que es esa luz en su vida, no puede enojarse ni sentir rencor porque el amor que ella siente es más grande que cualquier planeta, que cualquier situación, que cualquier persona y que cualquier dolor. Ella ahora le teme a olvidarse de él, quiere ese dibujo del que habrían hablado un invierno entre las frazadas y del que nunca más se olvidaría, quiere pintarlo en su cuerpo hasta el resto de su vida y quiere explicárselo a su futuro marido e hijos. Antes de comenzar la pagina 119 de su libro de amor, se siente consiente y en tierra, se seca la lagrima, sangro por el recuerdo todo lo que fue y todo lo que es, y encontró un poco de alivio que quizás le dure solo hasta mañana, pero ese es otro cuento.
Pilar Arzamendia
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)





