lunes, 25 de junio de 2012

Vivirte

Moverte de acá al otro lado, moverte al otro lado de la pared, de éste lado de la medianera, mover las nalgas y los senos, de expresión a impresión. Girar, girar al costado, arriba, girar de rojo a amarillo, de sepia a verde, seguridad a inseguridad. Cortarte el pelo, las uñas, cortarte la remera, cortarte la rutina, la tristeza, el fastidio. Salir, salir de adentro a afuera, de afuera a adentro salir, salir a bailar, salir a tocar, salir de la ciudad, salir al campo, liberarse, de prisión a presión. Quitarse el corsé, el corpiño, quitarse las medias, quitarse de encima a él, a ella, a todos. Cambiar. Cambiar de aire, de temperatura, cambiar de a poco, rapido y lento. Evolucionar, evolucionar vos, tu cara, evolucionar tu peso, tu forma, cambiar de nuevo, cambiar de sombrero, de numero, de nariz, cambiar de ojos. Quitarse una mirada de encima, quitar tu mirada de encima, soltar la mochila de piedras. Cambiar de escenanario, de escena, de piso. Moverte, girarte, cortarte, salirte, quitarte, evolucionarte, cambiarte, vivirte.

jueves, 21 de junio de 2012

Él no manchaba las hojas


Un pasado con  pinceladas gestálticas, un presente que parece  ahora. Ahora derrumbada  está esa hoja, espera una pisada, un brochazo, espera escucharse crujir, espera ser sacudida por un espasmo subjetivo, por un algo; espera la nada y espera el todo. A una presa devorada no la miran los caníbales, como Leonardo no miro a Jesús. Él si te entendía, el te manchaba al revés; secretos de artista quizás, o explicaciones de ingenio. Condenada a ser cruz de alguna obra, de algún autor, quimera de otro, solo ahí los mortales somos vos.Portadora solitaria de la condena de un futuro admirado y delicioso, tuyo siempre.

domingo, 17 de junio de 2012

Mi fiel enemigo

El deseo me trae la ansiedad, y eso me sangra. Invente algo y lo fije en el tiempo, decreto desde acá que la vida no es lo que hay entre medio del ahora y de lo que quiero, mi vida hoy es eso que proyecte complementado con el deseo que se consuma el tiempo que me separa. Una lógica sin razón, mi retrato íntimo y el tuyo, quién me da batalla, quién me discute que alguien en el mundo vive despejado sabiendo que viene algo superior. Mi espera es alucinada, egocéntrica y demasiada intolerante. Me siento una niña en una noche de un 5 de enero cualquiera, un creyente de cualquier religión que aguarda un regreso, Platón sentado en una silla esperando su ciclismo del tiempo, el futuro en la puerta de un hospital. El tiempo es mi enemigo, se estimula cuando lo necesito y camina lento con un cuchillo raspando mi piel cuando lo quiero muerto.

viernes, 15 de junio de 2012

Peaton

En quién pensas cuando caminas?
El desprecio de la mirada de atras,me hace quererlo mas.

Loco yo.

Un poco me disfrazo, un poco soy.

Espera feliz.

Vicio. 

Hay rostros tristes.

Y conversaciones locas.
Qué guerra te habrá dejado tanta tristeza?

Una sonrrisa forzada hace que un traje sea hasta humillante.

miércoles, 13 de junio de 2012

El tiempo no se detiene


La cuna violeta


Catalina hamacaba a la pequeña niña en su cuna violeta. Trataba de explicarse quién había dejado la cuna que perteneció a su madre hace cinco días en la puerta de su casa. Ella no sabía quién se lo mando ya que la ultima que sabia el paradero de esa cuna era su abuela, quien falleció hace dos meses atras y quién fue en su vida no solo la que le preparaba los pasteles más ricos del mundo, si no que fue la primera persona que la inculco en el mundo de arte y a la que le debe su condición de música.
La abuela siempre le decía que podía perder todo menos el estilo. El estilo no era para la abuela algo estético solamente, por supuesto. Ella hablaba de estilo como si se estuviese refiriendo al distintivo único de cada ser. Odiaba la palabra personalidad: “La personalidad es algo muy ego centrista, nacida así y por ende no se somete a quienes no la aceptaban”, era un círculo maligno para ella. A ella le gustaban los cambios, una vez por mes se animaba sola desde hace 57 años a pintar su casa de un color distinto. Un mes le gustaban las flores y otro mes los decorados de madera muerta. Catalina recuerda aún cuando murió su abuelo: la abuela había pintado la casa de color negro y lo mantuvo así durante un mes, al mes siguiente lo pinto de blanco y colgó cuadros de sus cuatros nietos. Ella manifestaba con los cambios su estado de ánimo, y decía que las personas que se atreven a cambiar son las que no les temen a la muerte y por eso, decía, viven la vida con menos miedos de hacer mal las cosas.
Ella tenía una obsesión con su forma de verse. Decía siempre que cuando una persona se viste con el mismo estilo con el que vive ayuda indiscutiblemente  a decorar el mundo en que vivimos, y el mundo decorado sabe mucho mejor. Era una mujer menuda, de ojos azules, nieta de alemanes y pelo que se le había ido del dorado al plateado a lo largo de sus 86 años. Le gustaban las antigüedades, la hipnotizaba tocar un objeto e imaginarse quién lo hubiera tocado, en qué vida y por qué. 
La vieja tenía muchas cosas pendientes en la vida. Desde sus 16 años, cuando vivía con sus padres en aquel pueblo de calles de tierra perdido en la nada, tenía ya la voluntad de comenzar guitarra, pero el único profesor que enseñaba en ese punto del mundo era el maestro de música de la escuela pública a la que ella asistía, y eso era un entorpecimiento en sus ganas de musicalizar su propia vida,  no creía que existía una persona menos dotada  de la vocación docente en el mundo que aquel hombre de bigote dibujado y pantalones cortos.  Se resigno por un momento de sus ganas, y cuando se mudaron con sus padres a la capital ese deseo ya estaba hundido y aplastado por otros deseos. Con el tiempo logro hacer realidad muchas de las cosas que quiso desde pequeña. Ella tomo clases de piano, capacitaciones para catar tés, ajedrez, corte y confección, reparado de relojes cucús, albañilería experimental entre muchas cosas más, dedico su vida a dotarse de conocimientos más que importantes para ella.
Era un ser maravilloso y creativo, al verla reír expulsaba  como polen las  ganas de tomar el té y dar paso a charlas guionadas por duendes del campo con olor a experiencia misteriosa.
Su sensibilidad y personalidad pasaba por lo visual indiscutiblemente, siempre compartía con sus nietos aquel episodio de niña, cuando no aguanto la tentación de ponerle un moño a una estatua de Cristo que se encontraba en la parroquia del barrio donde asistía con su familia casi todos los domingos; la estatua era blanca hueso y ella consideraba que su palidez no tenía nada de especial y atractivo: le faltaba realce, así que se tomo el atrevimiento. El cura se indigno de tal forma, que pasaron tres meses hasta que pudieron reaparecer en la Iglesia, él decía que fue un acto del demonio colocarle un moño de color colorado y de seda brillante en la cabeza del hombre desnudo con genitales surrealistas y desproporcionados.
Cuando Lucia cumplió los 20 años Doña Aurelia, su madre, le hizo el pastel más grande que pudo y con una cantidad de colores que solo las mujeres de campo de esa época conocían de dónde obtenerlos. Aurelia explicó, mientras llevaba ese titánico pastel a la mesa familiar, que era especial porque era el último pastel que sentía que le correspondía hacerle; no dijo nada más, pero fue suficiente, Lucia ya estaba en edad de buscar candidato para darles nietos y así garantizarle una vejez en armonía a sus padres. Ella acato las pretensiones de los padres y un año después, una semana antes de su cumpleaños número 21, se caso con Reinaldo, un hombre morrocho y fuerte, curtido por el trabajo duro que ejecutaba. Reinaldo era un buen hombre e increíblemente bello físicamente, ojos verdes y su piel oscura; pero Lucia  creía, y con razón, que su más grande defecto era la mezcla de tener un cuerpo tan bello y un estilo tan ausente, pero ella tomo como un desafío descubrirle uno, no improvisado si no correspondido. Reinaldo siempre aceptaba lo que veía tal y como era, y nunca se cuestionaba por qué algo se veía de tal forma y ni hablar de sumar ideas para que el mundo se viera mejor.  Lucia fue durante toda su vida la maestra en ese arte para Reinaldo, quien poseía como virtud más destacable, su capacidad de escuchar y dejarse cultivar. El amor que sentía por ella era infinitamente monumental y todo lo que ella decía  tenía más peso que cualquiera de sus cinco mensajes divinos que Dios le mando y que guardaba en una caja de madera en el cuarto de arte de Lucia.
Fueron creciendo juntos, como Lucia siempre decía, eran niños de mente aun cuando se casaron. Compraron su casa en el campo, a una hora de la capital, no era una casa cómoda para nada ya que  a Reinaldo le quedaba más que lejos para ir a trabajar todas las mañanas, pero ella le había advertido que si sus vidas unidas en matrimonio no iban a transcurrir en el campo de nada valdría esa unión. La casa era incomoda, pero no solo por la distancia a la fabrica, si no porque solo tenía dos habitaciones; pero Lucia quedo encantada, se enamoro perdidamente de esa galería desde el primer momento, cuando la vio inmediatamente se le vino un mar de imágenes: miles de cosas colgadas en el techo,  miles de texturas diferentes, danzando al ritmo del viento, y se imagino por primera vez  a sus hijos jugando en el pasto dulce y blando que rodeaba la pequeña casa.  Su primer acto como nueva habitante de ese mansión de en sueños  fue amontonar las cosas de hogar común en la habitación más grande de la casa, la otra habitación estaba vacía, y ella pensaba que  bañaba de vaciedad toda la casa y también el mundo, pero ya tenía un plan: lleno de libros el cuarto, muchos de los cuales nunca leyó y muchos otros eran solo cajas pintadas que actuaban y asumían el papel de  libros. Con el tiempo fue convirtiéndose en su espacio donde germinaba su más profunda sensibilidad visual, evolucionaba el lugar y evolucionaba ella. La casa no bastaba para todo lo que Lucia sacaba de no sé dónde, y aunque la casa crecía a un ritmo aceptable, no era suficiente. Todos los veranos debía regalar sus obras de pintura al oleo por falta de espacio, pero ella lo sentía como un aporte a la estética de la vida; las regalaba  al hogar de ansíanos, a la escuela de costureras, a sus padres, a la plaza, a cualquier lugar donde le pudieran dar el uso que ella consideraba digno: observarlos y admirarlos.
Pasaron 2 años desde la mudanza a la casa pequeña, Lucia comenzó a sentir las primeras señales de que su deseo mas intimo pasó ser carne que se hacía sentir. Reinaldo llego a la tarde casi noche de la fábrica, encontró a Lucia en la hamaca de la galería fresca usando la pantalla de paja que él le había tramado para que se espantara a los mosquitos que visitaban la casa los días de calor.  Lucia, que tenía preparado y ensayado un sketch teatral para contar la noticia, no se aguanto las ganas y le dio la noticia de forma alborotada y sin compasión: esperaban un hijo.
La ansiedad los carcomió esa noche, los dos desaseaban dar a luz de inmediato. No pudieron concebir un minuto de sueño, repasaron su vida de amor y hablaron de la vida que ahora venia. Al día siguiente Reinaldo se sintió libre por decidir no ir a trabajar y dedicar el día entero a fabricar aquel cesto que se encargaría de guardar  a su más preciado tesoro que pronto vendría a sus vidas,   no se dio cuenta por la excitación y la ansiedad de que era domingo y que de todos modos no debía ir a la fabrica.
Reinaldo tomo su te con galletas con una expresión en el rostro que se correspondía con un hombre que sabía lo que debía hacer,  termino rápido el trámite de la alimentación y se dirigió al patio de alfombras verdes con su hacha filosa. Se paro al frente del árbol que había sembrado hace dos años atrás cuando se mudaron a la casa, lo observo como contemplando, lo sorprendió lo mucho que había crecido en solo dos años. Era un árbol tan grande, alto y gordo como lo era violeta. Reinaldo tardo horas en cortar la madera en grueso, cuando sintió que ya era  suficiente le pidió perdón llorando al árbol por los dolores ocasionados y se dirigió a la galería con su gran materia prima de color violeta. Allí estaba Lucia quien lo miraba como sintiéndose satisfecha por el trabajo que había hecho durante el tiempo que vivieron juntos, ella sintió que por fin Reinaldo se había inspirado a crear algo maravilloso, y así era, porque esa cuna sería la más hermosa que nadie nunca pudiese imaginar.  Reinaldo cortaba y clavaba danzando, como si supiese de memoria los pasos de construcción y como si hubiese hecho 500 cunas antes de esa. La cuna quedó terminada antes de que el sol se durmiera en lo profundo, era un cesto violeta fuerte, con olor a campo y libertad. Tenía la precisión de una obra de ingeniería, la cuna se hamacaba de una forma tan armónica que a los dos le pareció perfecta para guardar su fortuna.
Así fue la historia de la cuna violeta, la cuna que uso Lucia con sus 3 hijos varones y con su pequeña hija mujer,  y que hoy Catalina usa con su beba de dos semanas. A Catalina le cuesta explicarse cómo podría haber llegado esa cuna a tocar el timbre, pero se  convence con una ecuación propia de un escritor de realismo mágico: si la cuna era de madera violeta y lograba poner en paz a cualquier ser que se acostara en ella, cualquier explicación alocada de cómo llego ahí podría ser tomada en serio.

Pilar Arzamendia

lunes, 11 de junio de 2012

Un punto


Siempre me han interesados los puntos, casi más que las historias. Los puntos de la historia donde se encuentra el eslabón primero de las cosas mágicas y aberrantes de la vida. En qué punto en la historia las miradas han comenzado a decir tanto.
No solo las miradas, pensar en el punto me hace reflexionar sobre el tiempo y sobre lo que somos: no llegamos a un punto en el universo.  En qué punto de la historia nos creímos dueños de él y de nosotros. En qué puntos de la historia que viene nos daremos cuenta de qué puntos y en dónde. 
Y en qué punto de mi historia, comencé a creer que estaba en el mundo para marcar un punto,   en qué punto del futuro lo lograre.

domingo, 10 de junio de 2012

Hamaca de disfrute y olvido


Bernarda nunca se hubiera imaginado que lo que siempre había criticado y nunca había entendido, era para ella,  no menos que una posibilidad de realización inmediata. Acción tardía por la falta de dinero instantáneo, pero con un sentimiento de necesidad creciente de hacerse ese dibujo en el cuerpo que tanto le representa el amor que tuvo con él.
Hacía tres meses atrás tampoco hubiera imaginado, al igual que hacerse el dibujo, encontrarse necesitándolo de tal forma bestial. Hoy no pudo siquiera terminar la pagina 118 de un libro de 500 páginas de amor mágico, se dio cuenta que estaba inmersa en un mar de desolación y amargura. Logro por fin escuchar el sonido de su corazón que se hacía trizas inconscientemente. Ese sonido  estaba oculto, porque ella estaba cegada por creer que porque su relación fue tan especial, especial seria su duelo. No fue un proceso fácil darse cuenta de que las promesas que Edmundo le hizo hasta hace nueve semanas atrás eran solo improvisaciones del momento, sin sustento del destino y sin pensar en la seguridad que a ella le daría. Él le había prometido nunca faltarle, cualquiera sea el estado de contacto y relación que tuvieran, después de tres meses separados ella se sintió sin él por primera vez echándose la culpa de su ingenuidad por un momento. Se sintió quitándose un pañuelo de los ojos, puesto tensamente y oculto por la magia que caracterizo ese nudo de complicidad y aceptación del destino. Hoy , verdaderamente consiente como pocas veces en su vida, su estado de ánimo es un  océano oscuro sin esa luz, ella misma se  había ocultado ese dolor hasta hoy, hasta hoy mantuvo el dolor aplastado por el encantamiento de esa relación y  de ese ser que para ella era, y aun es, su ser de luz.  Sintió como escapar de una prensa a la que veía como creía que  era su duelo, especial y necesaria, su duelo era una prensa.
Bernarda no espera nada de nadie desde que era chica, no creo que porque alguien le hubiese fallado, más bien por el miedo prematuro de sufrimiento. Se considero desde el día que cumplió 10 años una persona vidente y ella misma siempre confiaba en sus predicciones y por más que no le acertara, ella sola de nuevo se las arreglaba para caer parada y sana.
Siempre fue consciente de muchas cosas que quizás es lo que la distinguía del montón, y el terror  a caer en la mediocridad se mezclaba con su temor de estancarse en la mediocridad. Portadora  de una  cantidad de miedos jamás imaginada por nadie, pero de todas esas cosas a las que les temía, su mayor tortura seria el miedo a perder la capacidad de diferenciar los colores del gris.
Victima del vértigo que le implicaba estar en ese lugar en el que ella misma se colocaba. Visualmente no se me ocurre mejor forma de explicarlo, ella vivía caminando en una soga, tratando de mantener el equilibrio siempre, con terror a caer a cualquiera de los dos lados y con un objetivo en frente al que nunca vio  porque la soga llega al horizonte y sigue. Esa soga la atormentaba tanto o más como los costados, la atormentaba no saber a qué caminaba y de dónde salía esa pasión hecha capricho por encontrar lo que se hallaba del otro lado. Ella misma era ella y era su mejor amiga, y las dos sabían que en el otro extremo de la soga había algo, pero jamás pudo  imaginárselo, razón suficiente para vivir esa caminata como  “mientras tanto” eterno, tortuoso e inseguro.
 Dueña de dos universos, ella soñaba una vida que no conocía y odiaba la que conocía, porque siempre decía parecerle gris oscuro por demasía, y consideraba que era lo que ella tanto temía: una vida mediocre sin colores.  Pocas veces coincidía lo que hacía con lo que pensaba pero cuando esto pasaba, era como una catarata  horizontal de pasión dañina, incontrolable y desmedida.
Esta vida de desencuentros, entre ella y su alrededor, fue calmado un poco por Edmundo, su ser de luz.  De repente había aparecido alguien en su vida que la entendía, naturalizaba y la aceptaba. Fue una relación más que nada hecha dura por la imaginación más que el contacto carnal propiamente dicho. Los dos tenían más pulida la capacidad de inventar un mundo donde hacían el amor más que a la capacidad de hacerlo realidad. Eran caminos con diferentes destinos, y ellos lo sabían desde el primer día, desde la primer mirada, desde el primer beso. Entender esto a mí se me hace difícil, pero es lo que hacía que esa relación fuera tan especial.
Ella siempre trataba de analizar, como era su costumbre, todo lo que le pasaba pero no pudo con Edmundo. “Una pieza de baile por una pareja hay que ensayarla mucho para lograr sincronismo”, esa era la analogía del amor que le habían contado, pero por primera vez, ella se sintió en el extremo de la soga. Inexplicable, los dos bailaban juntos, sincronizados, como si se hubiesen conocido de toda la vida. Pero ese baile era casual y lo sabían, había un acuerdo implícito cada vez que hacían el amor, disfrute y olvido.
Edmundo fue su ser de luz por una razón concreta, la hizo sentir amada, cuidada y acompañada. Faltaban 15 día para la primavera, y hacia 1 mes que se encontraban en la hamaca de un patio verde y fresco, sin más relación sexual que la que emitían los ojos cómplices de conocer esas ganas mutuas, Él le dijo “te amo” y ella lo amo profundamente desde ese instante. En el mismo momento se encontraron en el mundo dos cataratas desenfrenadas, horizontales, enfrentadas que chocaron mutuamente. La única comunicación fue carnal durante una hora, los cuerpos en desnudos se llevaban muy bien y se humedecieron en la misma sensación de saciedad.  Los orgásmicos gritos callados, la adrenalina que le implicaba el lugar donde los había agarrado esa necesidad de hacer, las palabras que no se escucharon pero se dijeron, una hora donde Bernarda se olvido del todo lo que la atormentaba. Había encontrado paz al lado del cuerpo caliente que la poseía, Edmundo le regalaba inconscientemente el momento de más tranquilidad y placer interior de toda su vida. Por primera vez, ella estaba donde quería, desnuda de alma y cuerpo, regalándole la magia que  ella siempre guardo como su tesoro intimo, lo compartió y él lo agarro. Sus miedos cambiaron  a lo largo de esa hora, ya no temía lo que imaginaba, temía a lo que iba a pasar: el desencuentro de los caminos pactado desde el primer minuto.
Fue el momento mas excitante en la vida de Bernarda, se sintió plena, habían dado apertura a una relación bañada en magia y de puro entendimiento, que carecia totalmente de códigos dramáticos.  Esa mezcla de lo se habían entregado mutuamente, en ese escenario perfecto que era la mesa fría en el patio verde, y el pacto de separación se volvió con el tiempo una tortura. Ella sabía que Él era especial, y sabía también que conocerlo fue un atentado contra su propia integridad, ya que estaba segura de que jamás encontraría a alguien igual en el mundo.
Este miedo se hacía sentir a medida que pasaban los días y  los meses, y hubiera sido falta de voluntad de Edmundo no darse cuenta de que estaba ahí. Él, que tenía un trato puramente paternal con ella, la calmaba cada vez que lo sentía necesario con promesas llenas de encanto, que para ella era la música más bella.
Bernarda, recordó todo esto, y recordó lo especial que fue y que es esa luz en su vida, no puede enojarse ni sentir rencor porque el amor que ella siente es más grande que cualquier planeta, que cualquier situación, que cualquier persona y que cualquier dolor. Ella ahora le teme a olvidarse de él, quiere ese dibujo del que habrían hablado un invierno entre las frazadas y del que nunca más se olvidaría, quiere pintarlo en su cuerpo hasta el resto de su vida y quiere explicárselo a su futuro marido e hijos. Antes de comenzar la pagina 119 de su libro de amor, se siente consiente y en tierra, se seca la lagrima, sangro por el recuerdo todo lo que fue y todo lo que es, y encontró un poco de alivio que quizás le dure solo hasta mañana, pero ese es otro cuento.

Pilar Arzamendia