No me gusta la filosofía, ni las cosas que van por detrás de
lo obvio. No sé, estudio números, y las cosas son así: si sumas algo con algo
te da algo exacto, la verdad. Lo único verdadero son los números, lo único al
margen de los discursos. No me gustan los discursos en general. Es así para mí
la vida. Si me haces esa pregunta te pido que me
expliques con qué intención lo haces. ¿Necesitas que te conteste algo poético?
Porque si bien lo mío son los números me defiendo con las palabras, no me molestaría
inventarme una respuesta fantástica. Pero si tengo que contestar lo que a mí me
parece, volar es lo que nos pasa cuando
estamos subidos a un avión yendo a un destino determinado.
sábado, 15 de septiembre de 2012
Qué es volar? Catalina
Que difícil pregunta. Para mi volar es encontrar algo
con lo que pierdas noción del tiempo, en vez de alejar los pies del suelo
alejar el suelo de los pies. No sé… mi profesora de pintura dice que para ser
importante tengo que dejar algo bueno en el mundo, algo único creado por mí.
Eso me cuesta, a menudo pienso mucho más en mí que en el resto del mundo, me gusta
hacer cosas por mí y creo que es lo único que hago. Soy adicta a las pinturas de uñas y le tengo fobia a despeinarme. Posesiva,
celosa, narcisista. Nunca pensé en cambiar el mundo, pero agregaría mas volumen a mis senos. Para mi volar es pararme en un espejo con mis
brochas y pinceles de cara. Tocarme el pelo y sentirlo blando. Amo el segundo
en que logro alargarme las pestañas tres veces más de lo natural. Uno vuela de la forma en que es, no es mediocridad, uno es feliz con su forma de ser feliz.
Qué es Volar? Julio
Los días de invierno son pesados, uno le suma los abrigos a
la carga de las tristezas del alma. A veces
se hace difícil caminar, y más cuando es domingo como aquel día. Me sentía muy
vacio. No me sentía en el lugar equivocado pero no tenía lo que quería y no sabía
lo que quería. ¿Que se busca cuando uno no sabe qué es lo que falta? ¿Qué se
hace? Agarre de la heladera un pedazo de tarta vieja, estaba ahí hace tres días,
la misma cantidad de días que no comía. No recuerdo la última vez que me bañe
pero ese día lo hice con muchas ganas, me perfume y arme una pequeña valija con
más discos que ropa. Los últimos meses no llame a mi novia, no pregunte pero
supuse que estaba enojada, así que por las dudas no quise avisar. Me fui ese día
hasta el cruce de las rutas, hice tatetí
y me tome la ruta al norte. Abrí las ventanillas, levante velocidad, escuchamos
un disco de Jazz yo y mi soledad. Me fui a volar yo y mi soledad.
Que es volar? Mariela
Me case con Eugenio porque había prometido hacerme volar. Una es tonta a
veces. Una cree en una fantasía física que te eleve por las nubes y una cree
que el amor lo va a lograr. Tengo una hija
de pelo hecho de miel, un perro mimoso, un patio verde en donde me descalzo y siento el viento. Ya no le temo a la lluvia ni a la oscuridad, porque cuando me encuentro ahí
adentro hay alguien sosteniendo mi mano. Ahora escucho mejor el sonido del agua
y soy capaz de considerar cada instrumento de una canción. Soy capaz de reír
por un recuerdo y de llorar por lo que vendrá. Él no solo me llevo a volar, me
enseño qué es volar.
domingo, 2 de septiembre de 2012
sábado, 1 de septiembre de 2012
Al lado del mar IV
Los primeros
días de Pedro y Alma fueron felices, ya estaban tan instalados en la casa que
hasta se animaron a hacer una cena de presentación el jefe comunal del pueblo y
señora, también trataron de invitar a Matilde pero después del martes no
volvieron a verla, y nadie en el pueblo sabe dónde vive. Vistieron sus mejores
trajes y cocinaron cerdo al vino para
recibir a sus invitados. Don Laureano y su esposa Teresa llegaron con
puntualidad de pueblo, una hora y media más tarde. Fue una cena con diversión
familiar, donde don Laureano solo hablo de su nieto Felipe desde que entro
hasta que se fue. Hablo de sus dotes de actor, de lo atento que es como nieto,
de las aceitunas en almíbar que prepara al iniciar cada mes, del último regalo que
les hizo, y miles de talentos mas que se le adquiría al joven.<<Los
nietos aparecen para devolverte las ganas de quedarte>>. Alma fingía escucharlo con atención, configuraba
sus gestos como si le importara lo que decía pero se dedico a recordar toda la
noche lo mágica que le había parecido aquella mujer del bar y esperaba ansiosa
que sea mañana para poder ir a la clase abierta de pintura.
Al lado del mar III
Ya era casi la noche cuando terminaron el
acondicionamiento, el apetito dolía y
Pedro le propone a su hija salir a comer a un pequeño bar al frente de
la plaza donde, según Don Laureano, se come muy buena comida. Los dos se
encontraban luego de un rato sentados en la mesa especial del bar “El ancla”,
junto a ellos se hallaban un par de parejas comiendo amor con vino, una familia
numerosa que se encargaba de romper el silencio tres cuadras a la redonda, y en
el fondo del bar, cerca de una ventana abierta se encontraba una mujer rara con
vestidos de artistas y rulos despelotados.
La mujer, Matilde, soltera y extraordinariamente alta. Había nacido en
el pueblo hacia 56 años, hacia ya varias décadas volvió de París con un titulo de Bellas Artes. Matilde no tenía hijos, y era una mujer imperturbable y creativa. <<No he
tenido hijos por miedo a perder la paciencia y no poder enseñar, que es para lo que he
nacido>>. Entusiasta,mente joven y comprometida.
Los niños la amaban y se divertían viendo sus atuendos alocados y su maquillaje
al más fiel estilo circense.
Matilde se encontraba en el bar tomando un whisky importado cuando se dio cuenta de que a pocos metros se encontraba Alma, fue un flechazo de seguridad: se trataba de su nueva aprendiz. Se acerco a la mesa y se presento, Alma y su padre quedaron mudos, era la persona más alta y resplandeciente que hayan visto, se presentaron y la invitaron a tomar asiento. Luego de una larga charla de presentación se dirigió a Alma con mucho entusiasmo, la invito a participar de sus clases abiertas en la plaza los domingos. Matilde le aclaro que va mucha gente, y que solo se necesita llevar sus elementos necesarios para pintar. Alma, un poco tambaleante, lo tomo como una señal, sonrío y acepto ir a la primera clase el domingo. <<Yo agradezco a los jóvenes que van a la plaza los domingos, me ayudan a no tener miedo de morirme sin haber hecho algo importante>>.
Matilde se encontraba en el bar tomando un whisky importado cuando se dio cuenta de que a pocos metros se encontraba Alma, fue un flechazo de seguridad: se trataba de su nueva aprendiz. Se acerco a la mesa y se presento, Alma y su padre quedaron mudos, era la persona más alta y resplandeciente que hayan visto, se presentaron y la invitaron a tomar asiento. Luego de una larga charla de presentación se dirigió a Alma con mucho entusiasmo, la invito a participar de sus clases abiertas en la plaza los domingos. Matilde le aclaro que va mucha gente, y que solo se necesita llevar sus elementos necesarios para pintar. Alma, un poco tambaleante, lo tomo como una señal, sonrío y acepto ir a la primera clase el domingo. <<Yo agradezco a los jóvenes que van a la plaza los domingos, me ayudan a no tener miedo de morirme sin haber hecho algo importante>>.
Al lado del mar II
Alma había llegado al pueblo el martes
anterior, su padre era el tan esperado nuevo medico del pueblo. Tenía 19 años, piel blanca y
el pelo negro ébano. Ojos color miel y unas pestañas enormes y estilizadas como
si en la pansa de su madre hubieran tenido ruleros. Alma amaba la música,
aunque su género preferido variaba dependiendo su estado de ánimo. Adoraba la
pintura y por ende la fotografía. <<Quiero pintar papel y
quiero pintar con luz para que en el futuro no estén tan perdidos del pasado
como nosotros>>. Le gustaban los viajes y las mudanzas, cosa a la que
estaba muy acostumbrada desde pequeña. Alma era una idealista exagerada, pasaba largas tardes soñando en el futuro y siempre
se lo imaginaba distinto, pero en algo coincidía siempre: quería ser pintora y
dedicarse a eso toda su vida. <<Si algún día en mi vida de artista me faltara alimento,
comeré alegría que es lo que me va a sobrar>>.
Ni bien Alma
y su padre llegaron al pueblo decidieron sin decirse nada que era el lugar
donde pasarían el resto de sus vidas. Las calles perfectamente dibujadas con
piedras, las flores en las veredas que vestían de colores el
lugar, las casa sin rejas, y el aire más limpio del mundo,era un pueblo de
arboles y cuentos. Don Laureano, el jefe comunal, los ubico en una casa un poco
abandonada, con mucho polvo y recuerdos de los que la habitaron antes, detalles
que ellos no tuvieron tiempo de notar. Era una casa grande con tres
habitaciones, un comedor enorme y una galería
fresca donde los dos quedaron encantados mirando el mar durante dos horas. <<Debemos
hacer cosas grandes para no ser tan pequeños>> decía Pedro con un tono
paterno y reflexivo. Era casi el
mediodía cuando los dos decidieron reaccionar para acondicionar el hogar de sus
vidas. Comenzaron por las habitaciones, tiraron las cosas que no les
pertenecían, limpiaron hasta dejar
reluciente el último rincón, cada uno eligió una habitación donde colocaron su
ropa y objetos personales.
Al lado del mar I
Las
conquistas de amor son las mejores decía mi abuela, son legitimas y libres de jaulas.
Felipe tenía 20 años recién cumplidos cuando
conoció a Alma aquel domingo apenado. La vio en la vereda del frente a la suya, caminando a la misma
dirección. Alma vestía un vestido azul, con puntillas blancas y unos zapatos lustrados de charol brillantes. Felipe se quedó atónito por un momento, observaba la imagen más
pulcra que se le había cruzado por los ojos hasta ese momento, la imagen seráfica y tierna de Alma, su pelo
negro que bailaba con cadencia de vals, esa carterita misteriosa de cuero
añejo que llevaba como si cargase un tesoro importante. <<Es imposible que en el pueblo haya un
ángel, me hubiera llegado el chisme>>, pensó en estado de estupefacción. Él, quien estudiaba teatro en el centro cultural del pueblo hace ya diez
años, no dudo mucho y se tiro al piso gritando de dolor fingiendo una pierna
rota con una concentración que jamás había podido lograr, el momento fue tan
intenso y compenetrarte que hubo hasta lagrimas que ilustraron la acción, sin
embargo nunca supo si su llanto fue porque la escena teatral lo ameritaba o
porque Alma siquiera dio vuelta
mirar. Cuando Felipe decidió levantarse,
dejando en el piso su dignidad y su buen juicio, Alma se alejaba ya cuatro
cuadras de él. Decidió seguirla, rengueando por si ella se dignaba a darse vuelta. Después de dos cuadras de seguimiento Felipe
se dio cuenta que los dos se dirigían al
mismo destino, a la clase de pintura abierta que daba la señora Matilde todos
los domingos en la plaza. Alma llego y se sentó de la forma más exquisita que
nadie se haya sentado nunca en un tronco de un árbol caído. Él se sentó atrás
de ella, para poder observarla y oler el perfume de su pelo tranquilo, sin
miedo a que lo descubran.
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