sábado, 1 de septiembre de 2012

Al lado del mar IV



Los primeros días de Pedro y Alma fueron felices, ya estaban tan instalados en la casa que hasta se animaron a hacer una cena de presentación el jefe comunal del pueblo y señora, también trataron de invitar a Matilde pero después del martes no volvieron a verla, y nadie en el pueblo sabe dónde vive. Vistieron sus mejores trajes  y cocinaron cerdo al vino para recibir a sus invitados. Don Laureano y su esposa Teresa llegaron con puntualidad de pueblo, una hora y media más tarde. Fue una cena con diversión familiar, donde don Laureano solo hablo de su nieto Felipe desde que entro hasta que se fue. Hablo de sus dotes de actor, de lo atento que es como nieto, de las aceitunas en almíbar que prepara al iniciar cada mes, del último regalo que les hizo, y miles de talentos mas que se le adquiría al joven.<<Los nietos aparecen para devolverte las ganas de quedarte>>. Alma  fingía escucharlo con atención, configuraba sus gestos como si le importara lo que decía pero se dedico a recordar toda la noche lo mágica que le había parecido aquella mujer del bar y esperaba ansiosa que sea mañana para poder ir a la clase abierta de pintura.

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