Los primeros
días de Pedro y Alma fueron felices, ya estaban tan instalados en la casa que
hasta se animaron a hacer una cena de presentación el jefe comunal del pueblo y
señora, también trataron de invitar a Matilde pero después del martes no
volvieron a verla, y nadie en el pueblo sabe dónde vive. Vistieron sus mejores
trajes y cocinaron cerdo al vino para
recibir a sus invitados. Don Laureano y su esposa Teresa llegaron con
puntualidad de pueblo, una hora y media más tarde. Fue una cena con diversión
familiar, donde don Laureano solo hablo de su nieto Felipe desde que entro
hasta que se fue. Hablo de sus dotes de actor, de lo atento que es como nieto,
de las aceitunas en almíbar que prepara al iniciar cada mes, del último regalo que
les hizo, y miles de talentos mas que se le adquiría al joven.<<Los
nietos aparecen para devolverte las ganas de quedarte>>. Alma fingía escucharlo con atención, configuraba
sus gestos como si le importara lo que decía pero se dedico a recordar toda la
noche lo mágica que le había parecido aquella mujer del bar y esperaba ansiosa
que sea mañana para poder ir a la clase abierta de pintura.
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