Ya era casi la noche cuando terminaron el
acondicionamiento, el apetito dolía y
Pedro le propone a su hija salir a comer a un pequeño bar al frente de
la plaza donde, según Don Laureano, se come muy buena comida. Los dos se
encontraban luego de un rato sentados en la mesa especial del bar “El ancla”,
junto a ellos se hallaban un par de parejas comiendo amor con vino, una familia
numerosa que se encargaba de romper el silencio tres cuadras a la redonda, y en
el fondo del bar, cerca de una ventana abierta se encontraba una mujer rara con
vestidos de artistas y rulos despelotados.
La mujer, Matilde, soltera y extraordinariamente alta. Había nacido en
el pueblo hacia 56 años, hacia ya varias décadas volvió de París con un titulo de Bellas Artes. Matilde no tenía hijos, y era una mujer imperturbable y creativa. <<No he
tenido hijos por miedo a perder la paciencia y no poder enseñar, que es para lo que he
nacido>>. Entusiasta,mente joven y comprometida.
Los niños la amaban y se divertían viendo sus atuendos alocados y su maquillaje
al más fiel estilo circense.
Matilde se encontraba en el bar tomando un whisky importado cuando se dio cuenta de que a pocos metros se encontraba Alma, fue un flechazo de seguridad: se trataba de su nueva aprendiz. Se acerco a la mesa y se presento, Alma y su padre quedaron mudos, era la persona más alta y resplandeciente que hayan visto, se presentaron y la invitaron a tomar asiento. Luego de una larga charla de presentación se dirigió a Alma con mucho entusiasmo, la invito a participar de sus clases abiertas en la plaza los domingos. Matilde le aclaro que va mucha gente, y que solo se necesita llevar sus elementos necesarios para pintar. Alma, un poco tambaleante, lo tomo como una señal, sonrío y acepto ir a la primera clase el domingo. <<Yo agradezco a los jóvenes que van a la plaza los domingos, me ayudan a no tener miedo de morirme sin haber hecho algo importante>>.
Matilde se encontraba en el bar tomando un whisky importado cuando se dio cuenta de que a pocos metros se encontraba Alma, fue un flechazo de seguridad: se trataba de su nueva aprendiz. Se acerco a la mesa y se presento, Alma y su padre quedaron mudos, era la persona más alta y resplandeciente que hayan visto, se presentaron y la invitaron a tomar asiento. Luego de una larga charla de presentación se dirigió a Alma con mucho entusiasmo, la invito a participar de sus clases abiertas en la plaza los domingos. Matilde le aclaro que va mucha gente, y que solo se necesita llevar sus elementos necesarios para pintar. Alma, un poco tambaleante, lo tomo como una señal, sonrío y acepto ir a la primera clase el domingo. <<Yo agradezco a los jóvenes que van a la plaza los domingos, me ayudan a no tener miedo de morirme sin haber hecho algo importante>>.


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