Me case con Eugenio porque había prometido hacerme volar. Una es tonta a
veces. Una cree en una fantasía física que te eleve por las nubes y una cree
que el amor lo va a lograr. Tengo una hija
de pelo hecho de miel, un perro mimoso, un patio verde en donde me descalzo y siento el viento. Ya no le temo a la lluvia ni a la oscuridad, porque cuando me encuentro ahí
adentro hay alguien sosteniendo mi mano. Ahora escucho mejor el sonido del agua
y soy capaz de considerar cada instrumento de una canción. Soy capaz de reír
por un recuerdo y de llorar por lo que vendrá. Él no solo me llevo a volar, me
enseño qué es volar.
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