Aurelio trabajó de chofer de limusinas toda su vida,
con dolor se despide de su trabajo debido a una espontanea ceguera progresiva. Hoy,
se encuentra advirtiéndole al joven
reemplazante:
- - Hijo, nunca mire a los ojos a la mujer que debe transportar, que el espejo y su perfume
no lo tienten. Una vez basta para comenzar a quedarte ciego.


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